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]]>A finales del año 2016 el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) advirtió que el 40% de los suelos se encontraban en un estado crítico producto de la minería, malas prácticas agrícolas y agropecuarias con el uso de químicos, tala de bosques y contaminación de fuentes de agua; sin embargo, en la actualidad la Acacia es un aliado que ofrece beneficios ambientales y recuperación de estos suelos. Entre sus ventajas se encuentra la fijación de nitrógeno en el suelo, la adaptabilidad a malas condiciones ambientales, la buena capacidad de absorción de preservantes y también la captura de CO2; aproximadamente 4 árboles de Acacia tienen la capacidad de capturar 1 tonelada (ton) de CO2 ayudando a mitigar el cambio climático.
Gracias a todas estas características debería pensarse a la Acacia como una de las mejores alternativas en temas de reforestación a nivel nacional.
Según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), actualmente la Acacia es una especie con 35.000 hectáreas plantadas a nivel nacional y se estima que para el 2047, serán 400.000 hectáreas. Sin embargo, al ritmo en que se está deteriorando el planeta, esta cifra no sería suficiente para mitigar el cambio climático, independientemente de ello, debería apoyarse la siembra de esta especie a través de medios comerciales que faciliten su masificación en el campo colombiano.
El papel de la Acacia en el mercado de la madera es protagónico debido a los múltiples usos y beneficios que posee. Las propiedades que sobresalen son la densidad media alta que permite la comercialización de madera sólida para la industria del mueble y la construcción. Es una madera fácil de impregnar, pintar, barnizar y trabajar; además de ser útil para fabricar productos decorativos, pisos, puertas, revestimientos, paredes, techos, y divisiones.
Si entendemos el rol que cumple la Acacia en el desarrollo ambiental y económico del país y la forma en la que la madera aporta a la mitigación del cambio climático, podremos desestigmatizar la comercialización de la madera legal adquirida bajo altos estándares de sostenibilidad, permitiendo, en un mediano plazo, entender el monumental aporte que ofrece esta especie para Colombia y el planeta.
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]]>Para empezar a hablar del tema, es importante explicar primero qué son los ODS. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se gestaron en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Río de Janeiro en 2012. El propósito era crear un conjunto de objetivos mundiales relacionados con los desafíos ambientales, políticos y económicos con que se enfrenta nuestro mundo. En resumidas cuentas, son medidas que buscan disminuir la pobreza en el mundo, proteger el ambiente y mitigar el cambio climático además de garantizar la paz y la prosperidad de las comunidades.
Los compromisos que las empresas han adquirido en este asunto son altos y necesarios, ya que, al menos a nivel nacional, las responsabilidades en estos campos no dan espera; en este punto, los ODS deberían considerarse como los mandamientos a seguir por todas las organizaciones y la herramienta que mide la efectividad de su gestión dentro del mercado.
En CO2CERO por ejemplo, nos hemos preocupado por ser cada vez más coherentes no sólo con nuestro compromiso ambiental sino también con otros temas que apuntan a cumplir con estos objetivos. Hablando puntualmente de ello, estamos trabajando constantemente en implementar en nuestro desarrollo corporativo cada vez más de estos ítems.
Actualmente podemos destacar por ejemplo, el cumplimiento de estos objetivos en materia de educación de calidad (ODS4) trabajo decente y crecimiento económico (ODS8), igualdad de género (ODS5), energía asequible y no contaminante (ODS7), industria, innovación e infraestructura (ODS9), vida de ecosistemas terrestres (ODS15), alianzas para lograr objetivos (ODS17) y acción por el clima (ODS13), objetivos que seguimos cumpliendo cabalmente no sólo para ayudar a alcanzar la meta que el país firmó como compromiso, sino para demostrar que es posible replicar un modelo de negocio rentable y sostenible a la vez.
Los ODS nos invitan a preocuparnos y a tangibilizar acciones que nos permitan crear un planeta en el que la sostenibilidad y la prosperidad sean una realidad en común para todas las personas. El compromiso corporativo de las empresas debe estar encaminado a cumplirlos e implementarlos con mayor solidez y rapidez cada día.
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]]>Invertir en árboles es un negocio verde rentable desde el punto de vista ambiental, social y económico con el proyecto Crecer
La madera es, tras el petróleo, la segunda materia prima por volumen de facturación más vendida en el mundo. Al ritmo actual de crecimiento de la población, se necesitará plantar unos 20.000 millones de árboles en los próximos 15 años para cubrir la demanda. De acuerdo a la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el incremento constante del consumo de madera y la reducción de la superficie forestal hacen que se prevea un déficit de madera para abastecer al mercado a partir del año 2020.
Colombia se proyecta como uno de los países proveedores potenciales de madera, posicionando esta actividad como una atractiva opción de inversión para la generación de ingresos. En los últimos 18 años, el precio de la madera se ha revalorizado un 2% más que el resto de las materias primas, según la Bolsa de Materias Primas de Chicago (CBOT, Chicago Board of Trade), lo que evidencia un alto potencial de rentabilidad para los inversionistas.
Con el proyecto Crecer se puede acceder al mercado de los árboles con un capital desde los $19 millones hasta los $43 millones, para ser propietario de un área aproximada de 21.000 m2, de los cuales 10.000 m2 son de bosques maderables reforestados y 11.000 m2 de bosque de conservación de especies nativas como el guayacán, flor morado y flor amarilla. En el término máximo de doce años, el inversionista estará recibiendo por la madera vendida, la valorización de la tierra y la comercialización de los certificados de carbono, una rentabilidad alta.
Adicionalmente, en el país este tipo de inversiones (Proyectos forestales),generan una exención en el pago de la renta dentro del retorno de la inversión.
Este atractivo mercado de árboles, con el proyecto Crecer, iniciativa colombiana desarrollada por Ecologic, con el respaldo de Acción Fiduciaria y Asegurada por Allianz, se ubica en Puerto Gaitán – Meta, y permite la preservación de la flora y fauna de la región, la regulación y recuperación del recurso hídrico y los corredores biológicos, además de generar 70 empleos directos y 210 empleos indirectos con aproximadamente 280 familias beneficiadas que no solo están aprovechando oportunidades laborales generadoras de paz, sino que le apuestan a un desarrollo regional sostenible.
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]]>En este país la acumulación de tierra es un pecado mucho más grave que la captación de dinero. Históricamente, la tierra ha sido el “eje del mal” en nuestra nación, pues a causa de ella se han forjado grandes problemáticas ambientales, económicas y sociales que han suscitado desafortunados capítulos dentro de nuestra historia como el paramilitarismo, las guerrillas, el narcotráfico y el auge de la droga, por mencionar solo algunos.
Se tiene además la errónea idea, que quienes son dueños de la tierra son los que dominan el poder en todos los sentidos. Alimentando este imaginario, los colombianos nos hemos convertido en una sociedad que especula mucho con la tierra.
¿Qué quiere decir esto? Nos acostumbramos a escuchar que es mucho mejor comprar un terreno en X o Y lugar simplemente porque a otros, allegados o conocidos, se les ha valorizado monetariamente mucho más que en otros lugares.
Es tan arraigada esta cultura entre nosotros que la pretensión de la gran mayoría de familias en Colombia ha sido la de adquirir su propia finca. Alabamos la tierra solo por tenerla. Cuando la conseguimos sufrimos de esa instantánea satisfacción de suponer que ya con eso tendremos asegurado un lugar para la jubilación o para que toda la familia prospere desde ahí.
La finca es el fin último del esfuerzo de toda la vida de nosotros, y es lo que nos vende la sociedad a lo que debemos aspirar.
Nos hemos acostumbrado a invertir nuestros ahorros o los ahorros familiares de toda la vida en la tierra, simplemente por tenerla, no por hacer algo con ella, sino porque tenemos la vaga creencia que teniendo ese patrimonio tarde o temprano se valorizará y nos traerá beneficios económicos más grandes de los que jamás hemos soñado; nos acostumbramos a especular tanto con la tierra, que ni siquiera nos hemos dado cuenta que para que eso suceda lo que realmente debemos hacer es volver ese terreno un espacio productivo.
¿Qué significa eso? Llamar la atención de otras personas para que vengan con recursos frescos y puedan invertir en nuestra finca, pero por supuesto, nos acostumbramos a desconfiar de todo en vez de ser más visionarios para pensarnos como grandes empresarios o grandes acaudalados. Preferimos, literalmente, enterrar ese dinero.
El secreto real para poder vivir de la tierra es ponerla a producir, es trabajar por ella en beneficio de explotar sus recursos y potencial; claro está, haciéndolo de una manera eficiente y amigable con el ambiente, ya que como hemos sido testigos, nos encontramos en una disyuntiva en la que necesitamos proteger y cuidar más que nunca el planeta para evitar su extinción. Aunque, pensar en tener el dinero para comprar y además invertir en su propio terreno, es una apreciación idílica y hasta utópica en muchos sentidos, porque puede que usted tenga el dinero suficiente para adquirir su finca, pero casi nunca tiene lo que se necesita para sacarle provecho a ella.
Respondiendo a esta necesidad, o más bien, encontrando dentro del mercado esta gran oportunidad, aquí en Colombia, se está desarrollando el negocio más novedoso que existe en este momento: un negocio, que no solo puede ser replicado, sino que además se proyecta como un modelo de consecución de inversión revolucionario.
Desde el 2011 se creó un proyecto de inversión disruptivo que viene rompiendo con la tradición que tenemos nosotros de acumular tierra. El Proyecto CRECER, de la empresa colombiana CO2CERO, se está consolidando como la respuesta, no solo de los campesinos, sino de aquellas personas que a lo largo de mucho tiempo se han encontrado con la encrucijada de no tener los conocimientos o las herramientas para invertir en sus tierras. ¿Por qué? La explicación en realidad es muy simple. Por medio del modelo de participación fiduciaria las personas pueden hacer una inversión que le generará a mediano plazo unos réditos económicos que se traducen en la valorización de la tierra, en la que se plantarán bosques de árboles nativos y de tipo comercial, que servirán además para la obtención de madera de una manera sostenible, y la mercantilización de los certificados de carbono de estos.
El éxito real no es tener la tierra, sino saber qué hacer con ella. El Proyecto CRECER responde a esa cuestión.
A esa necesidad de no tener todo el capital para hacer una inversión dentro de su territorio, el Proyecto CRECER con su modelo, le posibilita que no solo sea usted el dueño de su tierra, sino que otras personas puedan invertir en ella y beneficiarse económicamente de ella, con la tierra, con sus cultivos y con todo lo que se puede producir allí. Fraccionar una porción, por ejemplo de dos mil hectáreas de tierra en mil partes más pequeñas, democratiza que alguien sea capaz de aspirar a tener una inversión segura para su futuro y un espacio de tierra en el que podrá democratizar con muchos otros, los beneficios que se producen allí. Esa es la pretensión del Proyecto CRECER, acercar una inversión rentable con beneficios variados para su acreedor y con una clara responsabilidad ambiental que se resume en reforestar y extraer los recursos naturales de una manera sostenible y amigable.
El proyecto se encuentra en este momento en su fase de venta. Para mayor información puede ingresar a www.proyectocrecer.co o llamar al teléfono 305 409 3434 y conocer mucho más.
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